El 5,2% de la población de nuestro país sufre depresión o tiene signos de depresión, y el 7,6% ansiedad. Las graves consecuencias de estas afecciones. ¿Cómo podemos detectarlas?

Datos textuales proporcionados por la Lic. Andrea Duarte Villaverde, Psicóloga Clínica especializada en Psicoterapia (REG: 4181) e integrante del Programa de Salud Mental de Fundación Visión

 

  • “Los problemas de salud mental están creciendo en todo el mundo, afectando por igual a personas de diferentes sexos, edad, nivel sociocultural y económico, sin distinción. Esto es el resultado de numerosos factores muy complejos, pero muchos de ellos relacionados con las características propias de la sociedad actual en la que nos toca vivir”.

 

  • “Dos de las patologías más importantes, por sus índices de crecimiento, son la Ansiedad y la Depresión, las cuales tienen raíces similares y consecuencias que puede llegar a ser fatales si no se recibe la contención y tratamiento adecuados”.

 

  • “Pero así como estas situaciones se multiplican, también es notable el gran estigma alrededor de la salud mental, en el sentido de que todavía la población piensa que acudir a un psicólogo o psiquiatra es sinónimo de locura, y quien lo hace prefiere ocultarlo por vergüenza o por el “qué dirán”.

 

  • “De hecho, desde el Programa de Salud Mental de Fundación Visión, que brinda en Paraguay servicios de Psicología, Psicopediatría y Psiquiatría, vemos a diario que hablar de ¨salud¨ mental en nuestro país es algo que preferimos evitar o esconder”.

 

  • “No conversamos sobre este tema, y cada vez hay más personas que sufren en silencio ante dificultades en sus áreas afectiva o comportamental, por mera vergüenza de abrirse y pedir ayuda profesional”.

 

  • “Por eso, a través de este material queremos hablar acerca de cinco señales clave para detectar si estamos sufriendo algún tipo de problema en materia de salud mental, o si lo está sufriendo alguna persona de nuestra familia o entorno”.

 

Cinco señales de alerta

 

  1. Cambios en el comportamiento habitual. “Una de las principales señales de que algo anda mal es cuando alguien cambia su forma habitual de desenvolverse y se desenvuelve de una manera que no se ajusta a su comportamiento habitual. Esto puede manifestarse ya sea en forma gradual o repentina. Por ejemplo, si la persona solía practicar mucho deporte y deja de hacerlo sin ninguna razón, algo no está bien; igual que cuando alguien deja de participar de las reuniones sociales con sus compañeros de trabajo. Estos son cambios que se notan. Dicen que ya no le gusta el deporte, que es de balde practicarlo, por ejemplo. Además, empiezan a ver todo como de manera muy negativa. A partir de este cambio de conducta es en donde empieza todo el proceso, y es en la instancia en la que idealmente deberíamos intervenir para que el problema no avance”.

 

  1. Aislamiento. “En relación al punto anterior, la persona que está atravesando un proceso de alteración en su salud mental comienza a aislarse. Personas que solían ser muy sociables empiezan a pasar cada vez más tiempo solas. No solo se alejan de sus reuniones sociales con compañeros de trabajo y amigos, sino que también lo hacen en su propio círculo íntimo y muchas veces, incluso, se distancian de manera total de su propia familia. Esto, sin embargo, no debe ser confundido con el comportamiento normal de una persona introvertida. De hecho, hay personas tímidas que no disfrutan de actividades con otras personas; lo que debemos ver es si hay un cambio en el comportamiento en el cual se va reemplazando lo social por la soledad”.

 

  1. Mal humor, nerviosismo o irritabilidad. “Cuando la persona está cursando una alteración en su salud mental, su humor cambia drásticamente y comienza a mostrarse inusualmente de mal humor, nervioso o irritable. La persona detona un nerviosismo o mal humor por algo mínimo, que antes nunca le hubiera siquiera molestado. Esto es muy común verlo en el tránsito, cuando alguien ¨detona¨ y se descarga con su bocina, o maneja agresivamente, o insulta al pasar. Estas son señales de que algo no está bien. Lo más peligroso es que esto desencadena violencia, malas palabras y daña no solo a la persona que lo sufre sino también a su entorno familiar, laboral y otros”.

 

  1. Descuido personal. “La persona comienza a mostrar una desmejora en su cuidado personal. Este descuido va desde abandonarse desde el punto de vista orgánico (empezar a comer mal, subir de peso, etc), hasta su aspecto físico, que puede plasmarse en falta de higiene. Además, aquí pueden surgir o resurgir vicios dañinos tales como beber o fumar, o hasta incluso consumir otros tipos de drogas. En definitiva, la persona empieza a dejarse estar en sus hábitos, alimentación, estética y demás. Esto tiene que ser una importante señal de alerta”.

 

  1. Desesperanza. “La persona deja de ser optimista para empezar a ver todo de manera muy negativa. Surgen comentarios pesimistas y de inutilidad tales como ¨para que voy a cambiar de trabajo si no sirvo para nada¨, “para que voy a estudiar” ¨nadie me quiere¨, ¨todo me sale mal¨. También pueden aparecer pensamientos suicidas, que nunca debemos tomar en broma, por más que suenen a chiste. La persona piensa que ya no vale la pena vivir, que no tiene sentido estar en este mundo, y es aquí cuando estamos en una situación límite que requiere urgente valoración médica”.

 

Ansiedad y Depresión

 

  • “Este tipo de alertas son la base de numerosas patologías a nivel de salud mental que pueden estar desencadenándose en silencio. Y dos de las más habituales en este tiempo son la ansiedad y la depresión”.

 

  • “Nuestro país muestra, lamentablemente, son altos índices de ansiedad y depresión. Un estudio realizado en el 2017 por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) concluyó que el 5,2 por ciento de la población nacional sufre depresión o tiene signos de depresión. Pero si hablamos de ansiedad, la cifra escala al 7,6 por ciento de la población. Esto ubica a Paraguay en el segundo puesto en materia de ansiedad en América Latina, por detrás de Brasil, y en el cuarto puesto en materia de depresión, después de Argentina, Colombia y Perú”.

 

  • “Ambas patologías tienen sintomatologías muy parecidas. En el caso de la depresión mostramos un cambio de comportamiento, insomnio, cambios en el apetito, y experimentamos una profunda tristeza, baja autoestima, pérdida de interés por todo y decaimiento anímico en general. Esto repercute en una disminución en la función psíquica”.

 

  • “En el caso de la ansiedad, aparecen también el insomnio, los cambios de comportamiento, y también aparecen síntomas que se caracterizan por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad. Se presentan pensamientos negativos automáticos que están de manera latente. Es querer tener el control de muchas cosas que simplemente se nos escapan de las manos, y eso nos bloquea y nos impide realizar otras cosas. En otras palabras, nos bloqueamos, y tenemos pensamientos muy catastróficos. También podemos experimentar, a nivel físico, taquicardia, palpitaciones, falta de aire, opresión en el pecho y tensión muscular, entre otros”.

 

¿Qué pasa si no recibimos tratamiento?

 

  • “Debemos saber que todos tenemos una dosis de ansiedad, pero el problema aparece cuando ésta es exacerbada y comienza a interferir en nuestra vida normal. Por ejemplo, ante un examen estudiamos muchas horas y realmente sabemos el contenido, pero al recibir la hoja nos quedamos en blanco, nos bloqueamos. Esto mismo nos puede pasar en el trabajo, en las relaciones y demás. También debemos saber que todos podemos pasar por problemas, pero que esto no tiene por qué llevarnos a un cuadro de depresión sino que debemos poder sobreponernos a ellos. Lo cierto es que si estas afecciones no son tratadas a tiempo, pueden traer aparejadas las siguientes consecuencias:

 

  • Problemas de pareja
  • Problemas de relacionamiento interpersonal
  • Problemas de trabajo (pérdida de la capacidad, no poder rendir al máximo)
  • Pérdida de empleo, que luego desencadena conductas aún peores.
  • Pueden disparar problemas de adicción y/o comportamientos compulsivos
  • Pueden contribuir a la aparición de cuadros depresivos, desencadenando tendencias suicidas
  • Pueden amentar el riesgo de padecer alguna enfermedad cardiovascular

 

  • “Cuando notamos que estas dificultades verdaderamente afectan nuestra vida cotidiana, ya sea nuestros trabajos, estudios o relacionamiento familiar, es importante considerar la ayuda de un profesional que nos pueda orientar a saber qué podemos hacer. Eso termina en evaluaciones para luego derivar a otros profesionales si es necesario”.

 

  • “Lo que buscamos en primer lugar quienes trabajamos en este campo es que la persona se pueda sentir contenida en estos aspectos, que pueda ser escuchada; que sepa que no está sola, que no es la única a la que le pasa y que está acompañada”.

 

  • “La gente tiende a pensar que las personas están felices todo el tiempo, pero esto no es así. Y al encontrar contención profesional y darse cuenta de que no están solos en el mundo, aquí es cuando comienza el tratamiento adecuado”.

 

  • “La clave es entender bien las situaciones a las que nos enfrentamos y trabajarlas correctamente; trabajar en la resiliencia y en sobreponernos y salir adelante”.