Cómo tu pensamiento puede llevarte al fracaso como líder

Estamos rodeados de gente que quiere ser líder, que desea ser líder. Adicionalmente, disponemos de información, rutas, guías, consejos, ejemplos y herramientas de todo tipo que parece que nos ponen más fácil que nunca el llegar a serlo.

Si buscamos en Google, tenemos 102 millones de resultados de todo tipo: “11 secretos para ser un buen líder”, “Técnicas para ser un líder”, “Cómo ser un líder: 19 pasos”, “cómo ser un buen líder para los empleados”, “cómo ser un líder exitoso en solo 7 pasos”,…

Me da igual 7 que 19 pasos, la cosa es que no parece muy complicado, ¿no?

Sin embargo, cuando bajas a la realidad, hay pocos líderes

¿por qué?

¿sigue el grupo al líder?

Lo primero es que hay una confusión asumida desde hace tiempo consistente en pensar que el grupo sigue al líder. Nada más lejos de la realidad. Eso es una simplificación que lleva a mucha confusión.

El grupo no sigue al líder, el grupo persigue un proyecto, un fin, una meta. Bien sea expandir el imperio por oriente, conquistar todos los títulos posibles o limpiar de corrupción las instituciones, es el propósito el que guía y motiva al grupo.

Por lo tanto, el líder aparece cuando hay un objetivo común y es una herramienta para su consecución. El líder es una consecuencia de que se desea algo. No se desea un líder, se desea otra cosa y el líder emerge para ayudar a conseguirlo.

Cuando el fin es conseguido, si el líder no es capaz de dibujar un nuevo objetivo, el grupo le pierde el respeto. Es lo que le pasó a un Pep Guardiola campeón de todo y, por lo tanto, sin capacidad para generar nuevas ambiciones.

El líder es un facilitador

Entonces aparece el líder. El líder es el que da un paso al frente y asume la responsabilidad de tomar las decisiones en nombre del grupo para llegar al objetivo. El grupo delega la forma de llegar porque el líder le transmite confianza, bien sea por competencia, por honradez o por compromiso.

Puede incluso darse el caso de que el propósito sea un propósito personal que se ha convertido, por convicción o seducción en el propósito del grupo, pero el punto es que la gente no sigue a la persona, persigue la consecución del objetivo.

Nadie sigue a alguien que no sabe donde va. La gente alza la vista y mira más allá de la persona. Hasta el líder más chusco, dibuja un horizonte y lo señala.

Si tu objetivo es ser un líder, ya has fracasado

Por lo tanto, si tu objetivo principal es ser un líder, ya vas mal. La gente no tiene como objetivo admirarte y seguirte a donde vayas. La gente te va a seguir porque les lleves a algún sitio.

El fracaso de un líder comienza cuando su objetivo es tan personal que no afecta a nadie más que a él.

Un líder debe de ponerse al frente, pero al frente de algo. Lo otro es ponerse en medio.

El poder no es el liderazgo

No confundamos el liderazgo con el poder. El poder, definido poder como la capacidad de decidir arbitrariamente en nombre de otros sobre los recursos colectivos, te es delegado por la masa social para la consecución de los objetivos.

Igual que con el liderazgo, aparecen los problemas cuando el poder se considera un objetivo en si mismo y no una herramienta para conseguir otra cosa

El líder tiene poder, pero el que tiene poder no siempre es líder.

La ética del líder

Si quieres falsear un liderazgo, puede hacerse. Tan solo tienes que detectar algo que la gente desee y que sea muy difícil de conseguir, di que tu lo puedes lograr para ellos y alarga el camino lo máximo posible. Ese periodo será el periodo en el que podrás ejercer tu poder. Incluso ese poder será confundido con liderazgo.

Pero recuerda que el camino termina tarde o temprano –en la era digital más temprano que tarde- y entonces tu gente se preguntará a dónde los has llevado y si no los has llevado a ningún sitio, perderás tu poder.

El liderazgo no lo perderás porque nunca lo tuviste.

Hay un caso que me llamó la atención como ejemplo de ética de liderazgo. Paul Ricard era un prestigioso empresario francés al que, en un momento dado y debido a todo lo que había contribuido al progreso del país, le pidieron que se presentase a las elecciones.

Su respuesta es un ejemplo de ética del liderazgo:

“El político representa una tendencia, un programa o una doctrina cuando, en realidad, debería de representar a una parte del pueblo, ser su delegado. Esa sería la verdadera democracia”

Ricard renunció alegando que el no podía liderar un país que no sabía a dónde quería ir. Él no entendía el poder sino como la responsabilidad de representar la voluntad popular.

Los líderes corporativos

Hoy en día, los ejecutivos –y me refiero a los asalariados, no a los propietarios- de las grandes compañías no tienen propósitos para compartir con sus equipos.

El único propósito real es escalar jerárquicamente y ganar más dinero y eso es un propósito individual y excluyente por lo que el grupo no quiere ir en grupo hacia él.

El problema es que las empresas no generan un ecosistema en el que puedan aparecer líderes. Es por ello que lo que abundan en las corporaciones son políticos, definido político en su acepción más negativa como aquel cuyo objetivo es preservar su posición de poder sin ningún fin social. No hay por tanto espacio en esas compañías para las sinergias, ni para la colaboración, ni para el sacrificio por el grupo.

Tener metas es más difícil que ser líder

Malas noticias: para ser un líder hay que tener metas y tener metas es más difícil que ser líder.

Si lo que quieres es poder o admiración, tienes tres vías:

-Te olvidas de la ética y tratas de manipular a la plebe

-Lo haces a través de la coacción, el autoritarismo o el miedo

-Lo haces bien y antes del poder intentas buscar un rumbo colectivo, te ganas la confianza convirtiéndote en líder y consigues que deleguen en ti. Eso si, entonces no tendrás poder sino mucha, mucha responsabilidad

Mailing Empresarial

Adhierete a nuestra lista de contactos para recibir correos de las mejores y ultimas ofertas y novedades del mercado empresarial.

Usted se a subscripto correctamente...